Por carreteras secundarias

Lo que os proponemos ahora es que cojáis el coche y descubráis el paisaje menorquín cómodamente sentados, conduciendo.

Aunque Menorca es un paraíso para caminantes, lleno de senderos preciosos para recorrer a pie, o en bicicleta, está muy bien dedicar tiempo a dar rodeos conduciendo tranquilamente por las carreteras secundarias de la isla.

Inesperadamente, tras una curva, descubriréis el mar; pasaréis por frondosos y antiguos encinares; admiraréis la arquitectura rural de la isla, con sus casas blancas perfectamente preservadas; tras los muros de piedra se asomarán vacas, burros, caballos, ovejas; y en todo momento os acompañará el campo, de un verde intenso en otoño e invierno, y de todos los colores en primavera.

Entre marzo y mayo parece como si hubiera pasado un jardinero componiendo el paisaje y los flancos de la carretera. Os sorprenderá la enorme cantidad de flores de todos los colores, combinadas entre sí de mil formas diferentes.

Un placer para la vista.